dimarts, 26 de juliol de 2011

la realidad encontrada





El viento mece imperceptiblemente las hojas caídas sobre el camino. Parece obvio pensar e imaginar que son sus invisibles caricias para así poder tocarlas sin que ellas se den cuenta de ello.


El estrecho sendero sigue ahí, tal como quedó en mis recuerdos, no ha cambiado prácticamente en nada, aun ahora me pregunto y no sé por qué, vine hoy hasta aquí. Tan sólo el leve crujir de la tierra bajo mis pies rompe este silencio que me envuelve, el sol se filtra a través de los árboles y parece iluminar sutilmente mis pasos. Deseo llegar hasta el final de este camino que recorrí tantas veces cogiéndome de tu mano, que correteé mientras tú me regañabas y sonreías al mismo tiempo, cuántas veces curaste mis rodillas al caerme y echarme a llorar, sí, todavía continúo pensando en por qué hoy precisamente me levanté contigo en mi pensamiento y con esas imágenes en mi cerebro. Solo sé que tuve que venir, cruzar la vieja reja oxidada que desde siempre he visto así, la observo y es como si estuviera viéndome a mí misma subida en ella y balanceándome para hacerla rechinar, qué rabia te daba mamá y cómo me reía yo.

Me gusta este silencio, siempre me gustó aunque en aquel entonces no tenía mucho sentido para mí. Ahora aun estando sola, sé que no lo estoy. Sí, ahora sé por qué hoy he venido hasta aquí, sé por qué nunca volví a entrar ni a cruzar la puerta, ni a caminar por el sendero, hubo un tiempo en el que eran otras manos las que me acompañaban, era otro querer bien diferente el que estaba a mi lado, fue aquel amor de primavera que todo lo volvió del revés, ese amor de adolescentes que nos cubrió de la cabeza a los pies, que nos llevó hasta las nubes, cruzó el cielo y nos apartó de este planeta para crear el nuestro, propio e independiente. Sí, alguna que otra vez paseábamos tomados de la mano hasta allí para volver luego sobre nuestros pasos, pero el día que tuve que regresar sin él, me juré que nunca más caminaría por encima de nuestras huellas allí impregnadas. Y hoy, veinte años después, exactos y precisos, sentí la necesidad de acercarme hasta aquí, y no sé la razón de mi sentimiento puesto que mi vida tomó otros rumbos, otros destinos muy lejos de aquellos que habíamos dibujado ambos entre sueños y risas.

La puerta sigue como estaba, siempre entornada, el aire sigue siendo tenue, cansino, cálido y casi imperceptible, veo al mismo tiempo mi imagen de niña con mamá a mi lado, y la imagen de mi yo adolescente deshecha por el llanto, ahora sí que sé en verdad por qué he venido hoy. Este silencio me habla a gritos pero no puedo entender las palabras, tú, sí eres tú quien me habla en susurros, quien me grita a diario cuánto te echo yo de menos y tú lo sabes. Llego hasta esa lápida que me abofetea cuando leo tu nombre grabado en ella, aparto la maleza y hago un poco de espacio para recuperar tu memoria, este silencio de ahora me mata, me ensordece porque me dice cuánto te duele mi ausencia, cómo sientes mis distancias, y lo mucho que ambos nos echamos de menos. Quise disfrazar mi dolor con amores nuevos, quise olvidarte a ti, con viajes lejanos, llenar de distancias nuestros pasos de siempre, alejar mi vida tanto como fuese posible, pero hoy mi corazón gritó ¡BASTA! Y supe que debía volver hasta aquí y hacerte saber que todavía te quiero.

Se detiene el viento, se detiene el tiempo, veo tu sonrisa y a ti acercándote por el sendero, siempre estuviste ahí mi amor, y siempre a mi lado anduviste, pero tan sólo aquí era donde yo podría verte y hoy, sí, hoy por fin supe y me di cuenta del por qué volví a ese lugar que jamás había visitado de nuevo. Te acercas y extiendes tu mano, te invito a sentarte junto a mí, aparto algunos restos de la maleza que hay aun sobre tu lápida y puedo leer finalmente mi nombre junto al tuyo. Lo acepto.

Nuestros labios helados se unen por fin, en aquel beso inesperado que momentos antes queríamos darnos, las luces previas, el choque brutal y ahora tú y yo... Juntos por fin.

Sabías que un día aunque fuese lejano, yo finalmente me daría cuenta de todo y aceptaría la verdad.

TZC y YGR  “Descansen en paz sus almas” Agosto de un año eterno.


dijous, 10 de març de 2011

Tú, siempre tan tú...








Mi vida son tus sonrisas,
tus palabras y frases aún inexactas,
la intención de todas ellas,
por acercarte a quien hablas.


.No es fácil comunicarnos,
pero tú siempre lo intentas,
con los años aprendimos,
a escucharte en tus palabras.


.Hubo tiempos llenos de desesperanzas,
no llegábamos ni tú lograbas,
pero la comunicación jugaba,
y poco a poco nos acercaba.


.De aquellos días tan tristes,
los recuerdos quedan lejos,
hoy aún con limitaciones,
hablas e incluso insistes.


.Eso es lo bueno princesa,
mi linda niña, mi amor,
que tú seas como quieras,
y el mundo acepte tus metas.


.No tendrás una carrera,
quizás no podrás estudiar,
pero sabrás que en la vida,
hay mucho para llevar.


.Ahora te doy la luna,
te doy la tierra y el mar...
Tú me das tus dulces sueños
que son todo en nuestro hogar.


El sol, las nubes y el cielo,
tú me haces dibujar,
y en tus fantásticos mundos,
por siempre yo voy a estar.






FUGAZ